domingo, 18 de diciembre de 2016

Metafórica

¿Cómo negarle a mi espíritu el crecimiento? Tuve que morir y dejar a mi cuerpo en reposo todo este tiempo. El dolor me era necesario para la transformación. Nuestras heridas son similares, pero las curas son opuestas. Yo me sumerjo en el agua hasta ahogarme en mis emociones inconscientes, quemo a mis órganos en el fuego para renacer.  Amo el descubrimiento de toda mi Libertad, la poseo, quiero manejarla y conducirla yo misma; exploro los dos lados: positivo y negativo. Encontré a Dios en la naturaleza, y ahí es donde pertenezco: a las ramas secas, a los árboles verdes, al bosque, al mar y las cascadas, a los pájaros y charcos; a la serpiente. Me rebelo a la biología de mi propio cuerpo. Fui yo quien sacrifico la figura del amor para liberarlo.  Trabajo con mis emociones y sentidos, presto mis músculos al arte. Estoy renacida. Exploté a mi cuerpo en las noches, no lo dejaba dormir, mientras que durante el día lo mantuve con energía neutra no permitiendo a mi cerebro pensar en la ausencia, sólo dormida mi corazón se trasladaba a mi boca, estallando en palabras escuchadas por el túnel de la curación y los paisajes emocionales: cráteres abriéndose, lluvia en medio de un teatro, montañas enigmáticas, caras nebulosas, gatos con dos cabezas, plantas creciendo en mis pies, alas en mi espalda... Mi voz ya no está atascada, tiene su propio canto y ritmo. No, ya no estoy herida. Ya no. Tome el camino que implica sacrificios y la cicatriz con tu nombre acaba de cerrar. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pretencioso al 100%